martes, 7 de mayo de 2013

Atrévete a elegir tu camino.

El hijo de mi amigo Pepe seguía el guion que su padre había previsto para su vida: después de su etapa escolar con un expediente académico brillante y varios veranos de estancia en Londres, cursaba el primer año de Administración de Empresas en una prestigiosa escuela de negocios. Hasta que una tarde, a mitad del segundo trimestre, fue a verlo al despacho y se lo soltó: «Papá, dejo la carrera. El año que viene me matriculo en Comunicación Audiovisual. Quiero ser realizador...» Mi amigo me llamó desesperado: «Ayúdame a disuadirlo. No puedo permitir que cometa semejante error.» Recibí al hijo de mi amigo y hablamos un buen rato. Evidentemente no lo disuadí de nada. Me limité a verificar si la suya era una decisión firme y madura, y efectivamente así me pareció que lo era. Los siguientes tres meses fueron de profunda tensión: mi amigo le cerró el grifo económico y prácticamente le negó la palabra. A su hijo, y también a mí, que intentaba hacerle comprender que era su elección y que no la había tomado irreflexivamente. Su hijo lo pasó muy mal y en más de una ocasión dudó de su decisión. Pero siguió adelante con su plan. Hace unos días desayuné con Pepe. No solo ha aceptado la situación, sino que apoya con entusiasmo la carrera de su hijo. Al hablar de los meses pasados, los resumió en una frase clarividente: «Simplemente no estaba preparado para recibir aquella noticia.

!Qué difícil decisión! Quizá la más importante de nuestra vida. Y se nos plantea demasiado jóvenes y perdidos en el mundo, sin rumbo fijo, sin saber lo que queremos, ni que lo que odiamos, como dice esa canción de Estopa que ponen últimamente mucho en la radio.
Sin saber a que nos queremos dedicar, y en qué consisten en sí las opciones que barajamos, nos obligan a aventurarnos en tomar una decisión. Con este grado de incertidumbre, nerviosismo e ignorancia, es más que probable que fallemos en nuestra elección.
A priori, todo el mundo busca el dinero, el mínimo esfuerzo, un puesto de trabajo seguro...
Solo unos pocos privilegiados son capaces de ver la esencia de este dilema, y como consecuencia, la solución. tenemos que mirar dentro de nosotros, y soñar como hacíamos de pequeños, cuando eramos felices. A mi parecer, en eso consiste la vida. En ser feliz. tenemos que ir más allá de la carrera. De los cursos, y trasladarnos, viajar en el futuro hasta el puesto de trabajo que soñamos en nuestro interior. No aquel puesto con el que sueñan nuestros padre, nuestros amigos, o la sociedad capitalista movida por el dinero en general.
Mucha gente lo tiene fácil. Tienen vocación. Otra, en cambio, creen que no. Solo lo creen. Porque en 18 años cada persona se conoce suficientemente a sí misma como para saber que le gusta, y a qué se quiere dedicar. Pero no se atreven. No echan a correr detrás de sus sueños. Simplemente los guardan y los archivan. ¿Por miedo? Pues posiblemente. Pero, ¿a qué? ¿A que tus padres, amigos o incluso desconocidos piensen que has fracasado? ¿¿Que te has quedado a medio camino? Queridos amigos, a lo que debéis tener en realidad miedo es a trabajar en algo que no os gusta. Por mucho dinero que cobréis, por muy bien considerados socialmente que esteis,no vais a rellenar vuestra vida, porque con billetes no se cubren las horas de trabajo que se echan al día, ni los más de cuarenta años que os vais a pasar madrugando para acudir a ese puesto tan prestigioso. Lo que en realidad lo cubre es el amor y la pasión. Ese es el camino de la vida. Y la última parada es la felicidad.
Nuestra vida la podríamos partir en dos: el ocio, y el negocio, como hacían los antiguos romanos, que denominaban ocio al tiempo libre, y negocio al tiempo no libre. Al trabajo.
Tanto la pasión como el amor rigen ambas partes. En el ocio, es indispensable tener una pareja a la que amar cada día. En su día, también se tuvo que tomar una decisión importante. Y si la decisión fue acertada, en el ocio no habrá frustración, solo felicidad. En cambio si somos superficiales en la decisión, podemos emparejarnos con la persona equivocada y sufrir.
Pues en el negocio pasa igual. Si se tiene ilusión por ir cada día, y pasión a la hora de desempeñar nuestro trabajo, seremos felices.
El ocio y el negocio, no coinciden en el tiempo, pero ambos tienen que estar en óptimas condiciones para satisfacer el verdadero objetivo de nuestra vida.
una parte depende de la otra. Si en el trabajo nos va mal, afectará a la vida en casa, y viceversa.
Conforme escribo, estoy recordando mi viaje a Italia de intercambio, y aún estando solo una semana en la casa, vi en los ojos de mi "padre adoptivo" la amargura que su trabajo le producía. No quería ir. No le gustaba. Pero ya era tarde, ya estaba atrapado y con la presión de cuidar de una familia. No podía cambiar. No podía experimentar.
Pero ustedes si que pueden, están a tiempo de elegir.

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