Un simple “gracias”. Eso es lo que a veces nos lleva a
romper una gran amistad. ¿Por qué nos cuesta tanto mostrar nuestros
sentimientos? ¿Por qué nos cuesta tanto agradecer un pequeño detalle? ¿Por qué
cuesta tanto decir “te quiero”? ¿Por qué cuesta tanto hacer felices a las
personas que nos rodean? ¿Es que nos estamos deshumanizando?
No será la primera ni la última amistad que se rompe por
cualquier chorrada, que poco a poco se va haciendo una gran bola, que nos
resulta imposible de digerir. Un simple lo siento lo solucionaría todo. Pero
no, somos demasiado orgullosos. ¿Por qué somos tan orgullosos? Y me lo pregunto
yo, que posiblemente sea una de las personas más orgullosas que conozco. ¿Por qué
no somos capaces de perdonar, si en teoría somos tan racionales? ¿Por qué damos
tanta importancia a los pequeños detalles? ¿Es porque son estos detalles los
que marcan la diferencia? ¿La diferencia entre un amigo “de fiesta” y un amigo “de
corazón”? ¿Por qué tanta pregunta y tan poca respuesta?
Hemos dejado de preocuparnos por los demás y solo pensamos
en nosotros mismos. No nos preocupa que las personas que nos rodea se puedan
sentir heridas, o por lo menos, no queremos darnos cuenta. Esto no está del todo
mal, ¿no? Porque al fin y al cabo, como ya dijo Miss Lemon anteriormente, la
vida es un camino en el que al final tan solo estaremos nosotros, solos, sin
nadie más. ¿Pero no será mejor recorrer ese camino con gente? Gente que nos
apoye en los momentos difíciles y con la que poder compartir los momentos
alegres.
Hace ya un tiempo me
di cuenta del egocentrismo que tenemos todos, absolutamente todos. Cualquier
conversación se limita a dar nuestra opinión sobre el tema o contar
experiencias que nos han ocurrido, muchas veces sin prestar especial atención a
lo que nos cuenta la otra persona. Jugamos a un juego en el que la pelota pasa de
uno a otro. Esperamos nuestro turno para contar nuestra historia y devolvemos
la pelota. Ahora es a la otra persona a la que le toca hablar y nos pasa de
nuevo la pelota. De nuevo somos nosotros los que iniciamos con un nuevo: “Pues
yo…”.
Hace tiempo que perdimos la capacidad de escuchar, y solo
hay unos pocos privilegiados que la siguen teniendo. Otros la tienen como
talento oculto que son incapaces de encontrar,(al fin y al cabo, yo la veo como
un talento). Y otros nos limitamos a buscarla en nuestro interior, intentando
mejorarla cada día, pero en infinidad de ocasiones, sin darnos cuenta, se nos
vuelve a escapara el “yo fui a nosedonde”, o el “yo hice tal cosa o tal otra”.
Necesitamos sentirnos queridos, sentirnos importantes,
sentirnos escuchados. Sentir que nuestros problemas le importan a alguien, y
que no estamos en este camino solos.
Un simple hola, es lo que nos puede privar de conocer de una
amistad para toda la vida. Un simple “te quiero mama” es lo que nos puede pesar
en la conciencia cuando ella no esté aquí. Un simple “gracias por estar ahí”,
es lo que puede hacer que la próxima vez, esa persona no esté. Un simple
detalle es lo que marca la diferencia, lo que distingue al héroe del villano,
lo que separa el amor del odio, lo que distingue al que debe permanecer en
nuestro camino o abandonarlo para no regresar jamás.
No seamos orgullosos, o por lo menos, limitemos nuestro
orgullo, por que llegará un momento en el que quizá, solo quizá, necesitemos a
esas personas que abandonaron nuestro camino.
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