Todo ha empezado como un
reto con mi hermano y conmigo mismo, pero ha acabado como un suplicio, aunque
estoy orgulloso de ello. Ayer, en una de esas noches en las que se hablan cosas
de hermanos, yo estaba pendiente del móvil y en alguna ocasión no le prestaba
atención a Javi. Él se enfadó y me dijo que estaba harto, que le hacía más caso
al móvil que a él, y que yo no tenía huevos de estar un día sin móvil. Ahí esta
la clave, en esa expresión que mueve el mundo. Y así comenzó el reto. 24 horas
sin wasap. 24 horas sin twitter. 24 horas sin hablar con nadie al que no
estuviese viendo la cara.
Esta mañana me despierto
a las 7:45, y lo primero que hago es mirar el móvil y recuerdo el reto. Lo dejo
donde está, en la estantería, me visto y bajo a desayunar. Monto en la moto con
mi padre y llego al instituto. De momento todo va bien, aunque noto cierto
vacío en mi bolsillo derecho. Te sientes como “desnudo”, pero en realidad lo
que sientes es libertad, aunque no sabemos apreciarla.
Pasan las horas y poco a poco tienes la
necesidad de echarle un ojo al wasap o de leer el twitter, pero recuerdas que
no lo llevas encima. A cuarta hora la desesperación es máxima. Ya no hay quien
aguante las clases. Si no fuera porque
mantengo la vista fija en el segundero del reloj, juraría que el tiempo se para.
Cualquier cosa es buena para distraerte y solo te queda ver cómo pasan los minutos,
hacer dibujos en la mesa, en un papel o calcular cuantos días, horas o minutos
quedan para que acabe este suplicio.
Es curioso, pero cuando
no llevas el móvil, te fijas mucho más en las cosas que pasan tu alrededor. O
simplemente, piensas en ti, en tus problemas, en tus planes, en tus amigos, en tus
cosas. Y no estás pendiente de la vida de los demás en las redes sociales.
Quizá este sea uno de los problemas a la hora de conocernos nosotros mismos. Y esque
puedes llevar veinte años de tu vida pegado a tu cuerpo. ¿Pero cuantas veces
nos hemos parado a pensar en nosotros mismos?¿En dedicar cierto tiempo al dia,
a la semana o al mes en hablar con nuestro yo interno? Creo que la mayoría de
nosotros coincidiremos en la respuesta.
En uno de esos momentos
en los que iba mirando a mi alrededor (concretamente en el tranvía), me ha
sorprendido el ver a un señor leyendo un libro. Y sí, me sorprende porque el
resto iban móvil en mano. Lo usamos como máquina de teletransporte, para que se
nos haga más rápido un trayecto, en lugar de apreciar todo lo que nos rodea. Es
como un salvavidas para una persona que no sabe nadar. Nos están deshumanizando,
y es que, dependemos de ellos, de los aparatos electrónicos en general. Somos
como niños de colegio, enganchados a la cuerda que lleva la señorita para no
perdernos.
Y es que, eliminarlo de
tu vida es muy complicado una vez que lo comienzas a usar. Hoy por poco me
quedo sin ir a entrenar porque no he leído un wasap. Y, ¿quién sabe si me han
dicho algo importante y no me he dado cuenta?
Sinceramente, esta tarde
he tenido la tentación de conectarlo, pero mi hermano ha aparecido en mi cabeza
y he sido incapaz. Ahora, a las once menos cinco, estoy orgulloso de haber
pasado veintitrés horas y cincuenta y cinco minutos desconectado de la red.
Pero señores, ya toca enchufarlo, que llevo demasiado tiempo suelto de la
cuerda y la señorita me va a regañar.
Sed felices!
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