martes, 14 de mayo de 2013

La estafa de los cuentos.

Nos han engañado. Hemos sido timados de muy mala forma. Nos han estafado. Nos han vendido sueños en mal estado. Nos ofrecieron el cielo y era un cielo lleno de pelo...

Revisemos de nuevo todos los cuentos que nos contaban de pequeños. Pondré de ejemplo las películas de Disney, que todos conocemos:

Chica conoce a chico, se enamoran sin saber quién es el otro, aparece la malvada bruja que intenta arruinarlo todo, pero el bien triunfa y la chica resulta ser una princesa y el chico un príncipe. Se casan. 

Nos han engañado, repito. Nos han estafado. Nos han concienciado de que el amor es lo más importante en la vida. Nos han dicho mil veces que las apariencias engañan y que te enamorarás de la persona que menos te lo esperes. 

Mentira, todo mentira. El amor es una sucia mentira. El amor no dura para siempre. Y el chico no es un príncipe, es un capullo. Con perdón de los capullos vegetales. 

Pero esto tiene su explicación: a las chicas (las princesas) nos han vendido que el amor llegará y, aparte de ser preciosísimo, durará para siempre; y a los chicos (los supuestos príncipes) les han vendido que encontrarán a la más bella de todas, que canta y cuida de los niños, con un arte excepcional. 

¿Es todo una sucia metáfora del machismo? ¿Por qué aún no han hecho a una princesa universitaria? ¿Por qué aún no han hecho que un príncipe se lo tenga que currar de verdad para conseguirla? ¿De verdad con un baile en casa eres capaz de saber quién es la princesa de tu cuento?
Todo es mentira. ¿Acaso la bruja es realmente una bruja? Pues no, todo es cuestión de perspectiva. Pensemos que quizás ha tenido una mala experiencia, o algún trauma en la infancia, todos esos temas que vienen muy bien para describir cualquier problema en la etapa adulta de la vida de alguien. 

Queridos escritores de cuentos: dejaos de dragones y batallas y contadnos la verdad por una vez. Toco madera para que ningún día tenga que hacer el papel de madre. Pero si tuviera esa mala suerte, ¿qué cuentos le cuento a mis hijos? ¿Les leo el mismo machismo de color rosa que me vendieron a mí y provocaron que siempre vaya buscando el supuesto "amor verdadero"? ¿O les leo lo que realmente se van a encontrar? Por ejemplo:

"Érase una vez una niña de 17 años en un baile de primavera. Un baile en el que pensaba que encontraría a su príncipe, ya que el supuesto le había mandado flores y corazones por Whatsapp. Pero no todo es bonito, hija mía, la bruja malvada se convirtió en un polvo blanco llamado "cocaína" y embrujó al príncipe, que atacó brutalmente a la princesa, creándole un trauma para toda la vida."
O quizás, mejor le cuento éste:
"Érase una vez una brujita de 16 años que pensaba que era la princesa de su historia. Como buena princesa, se enamoró de su príncipe, el cual nunca le dijo que él era un príncipe, sí, pero de otra historia. La malvada bruja del cuento de la primera bruja, era en realidad la verdadera princesa de éste príncipe, quedando ambas princesas convertidas en malvadas brujas. Lo que éstas no supieron nunca es que en realidad el principito era un puto capullo." 

No quedan demasiado bien, ¿verdad? Entonces, ¿qué hacemos? ¿Cambiamos la realidad o cambiamos los cuentos? 
Yo voto por cambiar la realidad y los cuentos, así, a lo loco. Vamos a borrar los prejuicios del amor. Vamos a pensar que el verdadero amor para toda la vida somos nosotros mismos y vamos a cuidarnos como buenas princesas y príncipes que somos. Vamos a respetarnos y vamos a borrar la imagen de "bruja malvada". Y oye, que fluya lo ya antiguamente llamado "amor" y compartamos a los supuestos príncipes, que no nos viene nada mal abrir la mente. 

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