martes, 7 de mayo de 2013

La LOMCE contada desde el pupitre.


"El proyecto de Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa elimina la obligatoriedad de enseñar Historia de la Filosofía en segundo de Bachillerato. Las consecuencias formativas serán graves. Sin esa asignatura, un bachiller desconocerá, por ejemplo, el significado de la democracia al no estudiar las aportaciones de Locke, Rousseau, Habermas; el fundamento de la justicia, al ignorar a Aristóteles, Stuart Mill, Rawls; el valor de la dignidad humana, al no estudiar a Kant y a la Escuela de Frankfurt. No podrá apreciar el arte del Renacimiento y el Barroco sin el neoplatonismo y Leibniz, respectivamente; la belleza de la poesía romántica, sin las teorías de Schiller y Hegel; el sentido de las vanguardias artísticas, sin Kierkegaard y Freud. Las literaturas española y europea contemporáneas serán incomprensibles porque Schopenhauer, Nietzsche y Sartre, serán solo nombres vacíos. Y sin Descartes, Comte o Popper, se verá incapaz de valorar el impacto social de la ciencia. Además ¿cómo entenderá la sociedad en que vive? Marx y Russell serán espectros, y Hannah Arendt, Simone de Beauvoir y María Zambrano jamás habrán existido.
La Historia de la Filosofía es la llave formativa que da acceso, integra y culmina la comprensión del resto de áreas de conocimiento. El resto es silencio."


Es indignante. Y cuando digo indignante lo digo de la forma más suave que se me ocurre. Los de arriba lo único que quieren es gobernar en un país de ignorantes, de borregos, de máquinas de trabajar. Es indignante, reitero, que esto se permita. Y es que me resulta vergonzoso que los políticos manejen la educación como a ellos les convenga.
Pero ya no sólo por esta reforma. Cada vez que llega un partido al gobierno tiene que dejar su huella en la educación. Y estamos hartos. Hartos. Lo gracioso es que esto que parece una invención del señorito Wert, es una mala (como casi todo lo que hacen) copia del sistema educativo alemán. “Potenciemos las tecnologías y los idiomas, creemos una importante fuga de cerebros para que aquí sólo se queden o los pobres, o los tontos. Seamos un país de animales de tiro, de máquinas de trabajar” Esto supongo que será lo que piensan (si es que hacen la sinapsis en su orden correcto y se puede denominar así) los que han tenido la genial idea de implantar un sistema que ya está demostrado que falla. Claro que también alguien me puede salir con el argumento de que en Alemania hay una investigación y desarrollo de las mejores del mundo, o unos ingenieros envidiables. Pero ¿alguien se ha parado a pensar en la diferencia de clases tan acusadas de este país? ¿De verdad compensa? ¿Alguien ha podido pensar que quizás gran parte de los ingenieros de cine de los que presume este país no sean alemanes, o que no hayan estudiado allí? Exacto, eso a nadie le interesa mencionarlo.
Hace un par de días nuestro “supercapacitado” ministro de educación dijo una perla tan brillante como el sol al que ponen su cara con la camisa nueva: “Los universitarios tienen que estudiar lo que les emplee”. Es decir, si no hay trabajo de lo que te gusta, te aguantas. Estúdiate una ingeniería y te vas a Alemania a buscarte un oficio. Porque, obviamente, conocer de dónde vienen nuestras lenguas, conocer los errores históricos que cometemos en este país una y otra vez, conocer quién ideó un sistema político de una u otra ideología, todas esas cosas son banalidades comparadas con qué fue el primer átomo que creó todo lo que conocemos ahora. Pues, queridos científicos, eso también tiene su filosofía. Quiero recordar la presencia de asignaturas de historia o filosofía en casi todas las carreras, tanto humanísticas, científicas o sociales.
Y volviendo al tema del texto, la filosofía nos ayuda a pensar. Nos enseña, mejor dicho. Yo recuerdo mis tardes estudiando la filosofía de Santo Tomás de Aquino. Esas tardes yo no sólo me aprendía cuatro folios de “pe a pa” y punto. Ese día comencé a hacerme una pregunta que hacía mucho tiempo que no me preguntaba: ¿de verdad todo ha surgido porque sí y no hay nada que lo haya provocado? Y si existe ese algo, ¿quién o qué la hizo o pasó para que existiera? Pero claro, y con esto quiero concluir, a los gobernantes no les interesa que seamos capaces de reflexionar sobre algo, capaces de buscarles objeciones o capaces de reducir al absurdo una teoría tan bien lograda. Porque si podemos hacerlo, ¿quién se creerá sus estúpidos mensajes alegando como argumento principal que “todo es falso menos lo que es cierto”?

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